Publicado por Fray Raúl | 0 comentarios

Como peregrinos y extranjeros...

Los dueños de la tierra
nuevamente nos cierran
las puertas de la vida
y la esperanza...

De sur a norte viajan,
de oriente a occiente llegan,
los viajeros que dejaron
casa, padres, hijos, tierras...

Un futuro mejor buscan
lejos de la patria querida.
Buscando una nueva vida
y el pan y la paz y la dicha.

Hoy, una vez más son echados,
-como delincuentes son tratados-.
Ya se olvidaron los dueños
que en el origen todos migraron.

¿Qué nos queda a nosotros?
Si peregrinos somos y extranjeros,
y en esta vida andamos errantes,
y es nuestro consuelo el sueño de la Patria del Cielo.

Las fronteras los terratenientes las inventaron,
para controlar a los pobres dentro de ellas;
para tener esclavos que trabajen
y una mejor vida les mantengan.

Qué más quiere el opresor
si te quita hasta tu tierra
y ni para morir te deja
un puñado de arena.

Mi claustro es el mundo,
-como nos lo dijera el seráfico-,
mis hermanos todos los humanos,
mi padre es el Padre de todos.

No existe la raza pura,
ni la cultura ni la historia,
que de migración no esté hecha,
de viajes largos y soledades solas.

Ay de aquellos que rechazan,
a los migrantes y los tratan
como criminales y ni siquiera
examinan su conciencia...

A los hermanos animales cuidan,
por la hermana agua se desvelan,
por la Madre naturaleza se desviven,
pero a sus hermanos migrantes anulan.

Errante y extranjero fue mi padre,
de un lado al otro viajó,
no cesó hasta que llegó
a este territorio que muchos llamamos "Patria".

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