Publicado por Aurelio Enrique Casasola | 0 comentarios

Comentario a la Carta Pastoral ¡URGE LA VERDADERA PAZ!

¡URGE LA VERDADERA PAZ![1]

“El Espíritu del Señor esta sobre mí. El me ha ungido para llevar buena nueva a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor”[2].

Partiendo del Evangelio, la paz es un fruto que parte de la integración de muchos elementos fundamentales como la justicia, que implica la igualdad, lo necesario para cada quien, la libertad, en su sentido más amplio de poder expresarse y caminar sin ataduras ni presiones. Urge la verdadera paz, es un clamor de todos los tiempos tanto de ayer como de hoy, ayer por la historia sufriente de nuestros pueblos, sumergidos en 36 años de conflicto armado y hoy por los 14 años de post conflicto social, que ha impregnado a nuestra juventud de un baño de sangre interminable. Alcanzar la paz firme y duradera se ha convertido en el anhelo más fuerte que hoy brota del corazón de todos los guatemaltecos. Hoy no pretendo hacer resúmenes ni síntesis de lo escrito por los Obispos, pienso que lo escrito debe poder actualizarse personalmente viendo la realidad actual, vasta leerlo y vivirlo sin glosa junto al evangelio.

Esta carta pastoral de los Obispos de Guatemala, me ha parecido muy fuerte en el sentido que ellos han actuado como profetas de su tiempo no dejando pasar por alto, todos los atropellos que ha sufrido su pueblo; y ahí su gran importancia, ya que es la iglesia jerárquica la que ha hablado y ha anunciado el reino denunciando el estado de pecado estructural en que estaba sumergido el poder político y económico de Guatemala en aquellos días.

En esta carta se señalado directamente lo aquejante de una sociedad donde siempre los mas pequeños sufre la opresión y marginación de la clase pudiente.

La verdad siempre dolerá, y eso pasará desde la Patagonia hasta la china, y es claro que el ser Pastor implica proteger a las ovejas de los lobos. Los obispos tanto ayer como hoy han buscado que el mensaje de justicia no sea trajiversado por unos a su favor; la justicia empieza por saber quienes han hecho mal, implica nombrar el mal por nombres y apellidos, implica pagar o mejor dicho restituir los males realizados, para perdonar se hace necesario saber a quien perdonar. El esclarecimiento histórico de la verdad, no solo es necesario, es indispensable para que el pasado no se repita con sus graves consecuencias.

Escucháremos en la segunda lectura de este domingo a Pablo decir que por Evangelio sufre hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero que la palabra de Dios no está encadenada. Así de esta manera la iglesia guatemalteca (y cuando digo iglesia me refiero a la iglesia jerárquica y al pueblo de Dios) ha sufrido en todos los ámbitos, ha sido perseguida y exterminada por proclamar la justicia y libertad de todos los hijos de Dios. Esta iglesia ha sido como el grano de trigo que ha muerto para dar frutos de esperanza a la sociedad actual.

Los Obispos han tocado intereses de las clases sociales del país, es interesante saber que desde épocas coloniales los indígenas de nuestros pueblos han sido expropiados de sus derechos y territorios y precisamente los gobiernos siempre se han escudado en proponer ayudas a los más pobres y han terminado haciendo lo contrario, pisoteando a los pobres. En nuestros días las corrientes de pensamiento neoliberales pretenden imponer un modelo económico que, al privilegiar los reajustes y la privatización, en una conformación económica tan desigual y excluyente como la nuestra, hace mayor la brecha entre ricos y los pobres cada vez más numerosos sumidos en una miseria no merecida. Hoy al igual que ayer ese 20% de la población sigue siendo rica y ese 80% de la población de hace 15 años (1995) sigue siendo pobre, hoy mas que nunca podemos ver los efectos de esa gran polarización económica, vemos como hoy se va caminado hacia anti-valores, hacia una perdida de identidad que va guiada precisamente por ese desequilibrio, va guiada de lo que llamamos “ globalización” que no es mas que un consumismos exagerando, haciendo a los ricos más ricos y a los pobres más pobres”.

Regularmente escucho en la gente, “Dios sabe lo que hace” “por algo nos pasa lo que nos pasa” “Dios nos quiere pobres” y así muchas otras cosas más. Viendo la realidad, leyendo esta carta y viendo al Jesús histórico, yo le digo que así no son las cosas, que sus males tienen nombre propio y que no es el diablo precisamente, que son este “80 %” de ricos los que los tienen así, no es Dios el causante de sus desgracias, cuando el camino o la estructura normal de poseer lo necesario se rompe, hay consecuencias, unos que tendrán más y otros que se quedaran sin nada. Nuestra sociedad vive sumergida en un teatro, en una actuación, que traduzco como apariencias, como una vivencia superficial de la vida.

La clase alta(gobierno-gente yeye) no pasa de buenas intenciones, reuniones por aquí, reuniones por allá, almuerzos y cenas con fulanos, almuerzos y cenas con zutano, reuniones disfrazadas de argumentos en beneficios de los más necesitados, siendo dichas reuniones motivos de orgullos personales e intereses partidarios, excluyendo su aparente argumento “los que más necesitan”, en fin de cuentas que les va importar, si ellos lo tienen todo, tienen lo que para unos es lo mas necesitado “la comida”.

Lo interesante es que estos “hermanos” no solo viven de esa forma, sino que se hacen llamar “CRISTIANOS”, seguidores de Cristo; fiel y devotamente bautizados confirmados y muchos casados. Fieles que devotamente guardan el día del Señor, ósea asisten todos los domingos a misa, y no solo eso, también guardan los días de fiestas y solemnidades. Claro igualmente calman su conciencia con dar unas buenas limosnas, pisto en la ofrenda del domingo. No solo es eso, sino que se muy claramente hasta en la cena del Señor (la misa), la distinción de clases, los ricos que buscan los primeros puestos y los mas pobres que se quedan de pie y en los últimos lugares. Luego de salir bendecidos de misa se vuelven a su campo de batalla, vuelven a pisotear al más necesitado, vuelven a sus comilonas diarias, sabiendo que su prójimo muere de hambre, Y al final de cuentas ellos llaman a eso ser cristianos católicos.

Bueno otra realidad de la que no me escapo ni yo, es que pudiéramos estar haciendo más por que esta realidad fuera diferente, y realmente por ocasiones nos movemos muy poco; y aquí valoro y exalto la actitud de los Obispos al no ser sordos, mudos o ciegos a esta realidad, igualmente veo su opción preferencial por los sufrientes al decidir decir lo que dicen, y sentir la obligación de pedir perdón a los más empobrecidos por que no siempre ellos como Iglesia Jerárquica defendieron a los campesinos e indígenas de nuestro pueblo.

Para alcanzar la verdadera paz se hace necesario que no solo hablemos o critiquemos a las estructuras corruptas, es necesaria una actitud de conversión inspirada en el Evangelio, que se traduzca en un deber ciudadano de hacer lo que nos corresponde como miembros cristianos dentro de una sociedad que cada mas opta por el reino de la desesperanza y de la muerte. Se trata de ser promotores activos de la paz, de vivir y luchar por la dignidad humana, que es la persona en concreto como imagen de Dios. Y ante esta denuncia se hace necesario también poder ver e interpretar los signos de los tiempos, generar cada uno de nosotros luces de esperanzas para los que sufren y están sumergidos en una pobreza material y espiritual.

Esta carta, no solo es una denuncia, sino que es un cúmulo de esperanzas y propuestas para dar los pasos que construyan la verdadera paz.

Como he iniciado este comentario el camino de la paz requiere una integral integración de valores fundamentales del ser humano, el alimento, la salud, la educación, un trabajo digno, un lugar digno para vivir. Cuando estas condiciones no se hayan dado es difícil una paz, una paz verdadera.

Esta carta la he leído en el contexto de hoy de octubre de 2010, en que unos han muerto, otros han sido apresados por narcotraficantes, otros han muerto soterrado por barrancos a causa de grandes lluvias, otros estan desfalleciendo por falta de alimentos



[1] Carta pastoral colectiva de la conferencia Episcopal de Guatemala (15 julio 1995)

[2] Lucas 4, 18-19

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