Publicado por Aurelio Enrique Casasola | 0 comentarios

“Clara… Voz de ayer, respuesta para hoy”



“Clara… Voz de ayer, respuesta para hoy”


Hablar de Clara es hablar de esfuerzo, dos días antes de despedirse físicamente de sus hermanas le fue aprobada la Regla escrita por ella misma para sus hermanas. Hoy en día poco se habla de esta gran mujer, no porque ella se haya ocultado sino porque nosotros mismos la hemos invisivilizado, ella siempre ha estado allí.

Clara es el signo de una consolidación. Es la primera mujer a quien en la Iglesia se le aprueba una Regla de vida escrita por una mujer para ser vivida por mujeres. Esto no es algo así no más, si nos tratamos de ubicar en el contexto que se encontraba parece como de película: estaba en el Medio Evo, una de las épocas de mayor auge de la Iglesia Católica, era mujer (considerada, incluso eclesiológicamente, como la puerta hacia el diablo) y estaba precedida por Francisco, personaje de su ciudad que ya había acaparado la atención total de la ciudad. Es signo de consolidación porque no fue una seguidora más, fue la más fiel seguidora del carisma iniciado por Francisco, la lucha por la aprobación del Privilegio de la pobreza es signo de ello, se consolida paradójicamente, hoy cuando todos vamos hacia el más, ella hace un camino adverso, va hacia el aparente menos donde encuentra la verdadera totalidad.

Esta fidelidad y lucha son la manifestación del esfuerzo permanente en el que se enmarcó la vida de Clara, difícil de asumir en estos días en los que nos encontramos, cuando toda nuestra visión va encaminada hacia una vida “fácil”, carente de esfuerzo, nuestro pensar, nuestro descubrir, nuestras tecnologías, nuestras leyes; toda nuestra humanidad parece estar desesperada por encontrar una forma de vida que no requiera ni el más mínimo esfuerzo, ¿A qué se debe esto? En un primer momento se puede justificar con el argumento de lo inhumano del “dolor por el dolor” pero siendo sinceros, vemos que la carencia del esfuerzo en el actuar del hoy se debe, no a la búsqueda de una vida más humana, sino a la búsqueda de una vida “momentánea”, una vida excluyente. Hemos dejado de luchar y de insistir porque nos hemos encerrado en un “egoísmo cíclico” pensando únicamente en aquello que satisface a cada uno, Clara, con el privilegio de la pobreza buscaba consolidar un modo de vida no solo para ella sino también para sus hermanas, no fue una aprobación fácil ya que requirió de años desgastantes de esfuerzo, ¿eran necesarios? ¿no era suficiente con que ella viviera pobremente? Pudo haber sido de esta manera, pudo ella haber vivido “su vida” santamente, pobre, solidaria, orante y trabajadora, pero el camino de la santidad no es un camino de enajenación. De haber sido suficiente con vivir “su vida” santamente, quizá nunca se hubiera dado la unidad Francisco-Clara, ambos lucharon no por una forma de vida aislada sino por una forma de vida santificada desde la fraternidad, nueva paradoja para hoy en día.

La situación en la que se encuentra nuestro mundo es preocupante, es difícil enjuiciar si es la época más violenta de la historia de la humanidad. Veamos lo que hay a nuestro alrededor: pobreza extrema, guerras estúpidas, invasiones de occidente hacia oriente, nepotismo económico, suicidio –cada vez en aumento- de adolescentes, violaciones psicológicas y físicas, entre otras tantas situaciones que hay. Ante esto, ¿qué respuesta da Clara? Clara inicia con una transformación personal, proceso que se da gradualmente del cual conocemos algunas esquirlas pero que siempre será un misterio, es un proceso que siempre es entre Dios y el que responde. Hace unos años, en su visita a Guatemala, el Ministro general de la Orden de Frailes Menores hablaba de la “formación por contagio” y creo que es ese tipo de formación que se da entre Francisco y Clara. Clara veía y oía hablar de Francisco y cuando fue testigo de lo que él vivía se sintió invitada a realizar algo similar. A los pocos años es Clara quien contagia a su madre, hermanas y amigas, no son las palabras únicamente lo que atraen, son las palabras que van enraizadas en un testimonio. El testimonio radical en cuanto a la minoridad, trabajo, fraternidad, oración, penitencia son los que contagian a tantos más, son las maneras de “protestar” ¿por qué protestar? Veamos que Clara y Francisco abren un nuevo modelo de vida religiosa en el siglo XIII, la situación eclesiológica no era sinónimo de pobreza y fraternidad, quizá es por aquí por donde ellos desean caminar y dar un nuevo tinte a la humanidad, pero la humanidad no estaba preparada para ello es por esto que se les pondrán tantos obstáculos para permitirles vivir en esa fidelidad radical, y se les impedirá porque siempre el testimonio del justo incomoda al injusto, porque siempre la fidelidad y honestidad del súbdito bloquean al faraón. Clara y Francisco no fueron dos resentidos sociales que protestaban por todo a través de las palabras, fueron dos humanos que protestaron con su testimonio de vida, pidieron el privilegio de la pobreza viviendo pobremente, animaron al cambio social no aislados de la sociedad sino viviendo en fraternidad.

¿Y nosotros ahora qué? Hoy en día casi nadie cree en nuestras palabras, pocos escuchan nuestra voz, pero sí todos ven y algunos vigilan nuestro actuar. En estos años en los cuales estamos celebrando los 800 años de la fundación del carisma de Clara y Francisco, ¿qué podemos proponer?, parece ser que lo único que podremos hacer es a través de nuestro testimonio de vida fraterna, ya ni siquiera es suficiente el testimonio personal, hoy urge de una voz fraterna, que el mundo entero vea desde nuestra fraternidad modelos de minoridad, trabajo, oración y hermandad.

¡Cuánto bien y cuanto mal podremos ocasionar! Nos encontramos en un momento donde en los últimos años ha disminuido considerablemente el número de los hermanos menores en el mundo, no porque la cantidad sea lo esencial en nuestra forma de vida, sino porque esto puede ser una manifestación de que nuestro testimonio poco o nada atrae a los demás. No basta con ser “buenos hermanos y hermanas”, es necesaria y urgente la radicalidad de Clara y Francisco, no basta una profesión religiosa a medias, se requiere de una consagración total, abandonados enteramente a aquél que nos ha llamado, un lanzarnos así como lo hicieron los dos grandes de Asís abandonando incluso las seguridades familiares, y esto se dará únicamente cuando de verdad nos sepamos creados, llamados y acompañados por Cristo, cuando podamos decir como los discípulos de Emaús, “con razón cuanto ardía nuestro corazón”.

Clara habló ayer, pero cuanto se manifiesta hoy, quizá cada mañana nos dice con la ternura y vigor de una madre: ¡Ánimo! Porque la vida religiosa aún tiene sentido y razón hoy en día. No puede ser relativizada y menospreciada, quizá Clara hoy nos mencionaría a tantos hermanos y hermanas que han estado y que están junto a nosotros y que con su testimonio siguen animándonos cada día, quizá Clara nos daría una voz menos fatalista, donde juntos veamos un hoy y mañana mejor, donde el ver hacia el ayer será para contemplar la grandeza de Dios y la debilidad de nuestros fracasos. Clara quizá nos reprendería también, nos corregiría por lo severos que quizá hemos sido con nosotros mismos encasillándonos en aquello que no hemos hecho o en los fracasos que hemos cometido, nos llevaría a contemplar todo aquello que con la ayuda de Dios hemos alcanzado nos recordaría que este proyecto está fundamentado en Cristo porque de no ser así hoy ya no estaría.


N. Antonio R. Donis

0 comentarios:

Se ha producido un error en este gadget.