Publicado por Fray Raúl | 1 comentarios

Los Delegados de la Palabra y El año de la fe

Gozosamente hemos iniciado el año de la fe, esperando profundizar y promover nuestra fe cristiana y nuestro impacto en el mundo de hoy. Que este año sea un año para recargar las baterías y seguir evangelizando por todos los medios posibles, especialmente desde nuestra propia vida.

Bien sabemos que nuestra Iglesia consta de una organización tan precisa, jerárquica y dinámica que a veces nos es difícil saber cómo se cuida de la fe en aquellos lugares donde el sacerdote va una o dos veces al año. ¿Quién acompaña, promueve y anima la fe de esa porción de la grey? ¿Cuántas serán las comunidades que descanzan bajo el trabajo humilde y comprometido de cientos y cientos de Delegados y Delegadas a lo largo y ancho de nuestra América Latina?

Queremos dedicar este espacio para hacer un pequeño homenaje a nuestros Delegados que con su esfuerzo y dedicación siguen trabajando por nuestra Iglesia.

Ciertamente el trabajo de los delegados no es fácil. Son líderes comunitarios y muchas veces cargan sobre sus hombros, no sólo el trabajo por su familia y por su comunidad eclesial, la mayoría de las veces son también los líderes comunitarios que llevan a cargo las mejoras y otros proyectos de su comunidad.
 
Debemos mucho a estos hermanos ya que gracias a ellos todavía Dios sigue haciendo su  obra en medio de nosotros. El anuncio de la Buena Nueva cada domingo y custodiar la fe de la comunidad son dos cosas que nos permiten afirmar que Dios ha estado grande con nosotros. La respuesta a su vocación y su perseverancia son tan importantes que en nuestros días siguen siendo muchos los jóvenes que inspirados en tan hermoso ejemplo dicen querer ser delegados como los de su comunidad. No solo eso. Muchos delegados son padres de otros delegados, de catequistas, religiosos, religiosas y sacerdotes.
 
Gracias a esta noble labor nuestra Iglesia sigue teniendo lo operarios requeridos para sacar la tarea. Pero oremos por ellos y por los que gracias a ellos se seguirán acercando al altar del Señor. Roguemos al dueño de la mies que mande muchos y santos operarios a su mies. Que así sea.
 
Delegado, ¡tu vida es misión!

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