Publicado por Aurelio Enrique Casasola | 0 comentarios

¿EL Seguimiento de Cristo hoy? En el camino de la juventud del carisma franciscano en nuestro tiempo




Definitivamente hablar de la formación sobre todo la inicial en nuestra espiritualidad ha tenido muchos matices, sobre todo si partimos de la “revolución” que trajo el Concilio Ecuménico Vaticano II en 1962. Muchas cosas han cambiado, empezando por nuestra sociedad, los medios de comunicación han transformado en gran medida nuestra forma y manera de ver el mundo, la sociedad, la Iglesia y porque no decirlo, la misma Orden Franciscana. Pero bueno ya no me detendré en el tema del seguimiento de Cristo como cambio, que en vez de decir “imitar a Cristo” se pasó a decir “seguir a Cristo”; eso lo dejo para que busquemos buenos y mejores materiales al respecto.

Me llama profundamente la atención como podemos ayudar a las nuevas generaciones de vocaciones a la vida religiosa y concretamente la franciscana para continuar este seguimiento de Cristo “Pobre y crucificado”. Si, digo continuar, porque no es que los jóvenes que tocan a nuestras puertas y sobre todos los que inician nuestros procesos formativos no traigan una experiencia de seguimiento de Cristo, en esto debemos tener mucho cuidado; pues hasta puede ser que los jóvenes traigan una verdadera experiencia del Seguimiento de Jesús de Nazaret, incluso más fuerte y más convincente que la nuestra. O ¿acaso vamos a negar que no hayan tenido experiencia de Dios en sus parroquias, en sus grupos o movimientos eclesiales?
No podemos alardear de ser los primeros en mostrarles u ofrecerles una experiencia con Jesucristo, no, al contrario nosotros solamente somos la distancia hasta donde han podido llegar estos jóvenes desde aquella “plataforma de lanzamiento” que han tenido, como puede haber sido un retiro en un movimiento eclesial, experiencia pastoral en catequesis, liturgia, grupos juveniles, etc. Es decir, que somos la “segunda experiencia”, el segundo del camino del seguimiento de Jesús que un momento de la vida estos jóvenes se pregunta ¿Qué haré con mi vida? O como Francisco de Asís Señor ¿Qué quieres que haga?
Es por ello que considero importante tener en cuenta el cúmulo de experiencia de Dios que nuestros jóvenes, sobre todo en la formación inicial de los primeros años, traen, pues puede ser que en muchas ocasiones queramos  “eliminar” estas experiencias que a lo mejor nos parecen fanáticas, y que aunque en muchas ocasiones vienen con una imagen de un Dios un tanto diferente al de Jesús de Nazaret. Es necesario por tanto, tomar en cuenta este aspecto eclesial y de vivencia real y concreta de encuentro con Jesús que los jóvenes traen, para incorporarlo, purificarlo y enriquecerlo con la experiencia de Francisco de Asís; y no verlo como un total obstáculo.
Otro punto importante es darnos cuenta que el joven quiere seguir a Jesús, con todo lo que trae. Y aquí debemos caer en la cuenta los que estamos un poco “adentro en este camino” que nosotros hemos seguido a Jesús con toda nuestra humanidad, y es por ello importante darnos cuenta que hicimos un camino hasta la profesión solemne, queriendo seguir a Jesús con toda nuestra humanidad, no seguimos solamente al “Cristo de la fe” al resucitado, nos sería mucho más difícil; al contrario, seguimos al Jesús de Nazaret, al Dios encarnado en nuestra historia, al Dios que en su humanidad fue exactamente lo mismo que nosotros menos en el pecado como dirá san Pablo. Por tanto, debemos comprender que nuestros jóvenes quieren seguir a Jesús de Nazaret y responderle como lo hizo Francisco de Asís, pero desde nuestro tiempo y con todo su humanidad (aunque no lo percibamos así desde un inicio). Queremos seguir todos a este Jesús humano que tuvo una vida llena de afectividad y sexualidad en el sentido amplio del tema. Que se enojó a lo mejor no solo en el templo, a un Jesús que si estuviera hoy, tuviera su celular para comunicarse con sus amigos, que tuviera Facebook, que realizaría sus viajes en bus, tuviera una mochila, zapatos tenis etc. Así vienen nuestros jóvenes hoy, traen su historia de trabajo, de familia, de estudio, de vida sexual incluso en cualquiera de sus manifestaciones. ¿Cómo les ayudaremos a discernir? O ¿seremos un obstáculo más bien para que en su encuentro con Cristo que han tenido ya, no den un paso más en su vida?
Definitivamente necesitamos, todos los que queremos seguir a Jesús desde la experiencia de Francisco de Asís, hacer el mismo recorrido que él hizo. Encontrarnos consigo mismos y dejar que Cristo nos repare primero a nosotros y solamente entonces podremos descubrir la voz que nos invita a reparar su Iglesia. Este es el camino, este el proceso del seguimiento de Cristo “pobre y crucificado”, para el franciscano no hay otro, después vendrá también el encuentro con el pobre, con los hermanos, con la creación, pero solamente como consecuencia de habernos encontrado con el Cristo que nos interpela  y nos pide que le sigamos desde nuestra humanidad y con todas nuestra sombras y luces y no rechazando todos nuestras áreas de la vida (afectiva, sexual, emocional, histórica, familiar, etc.) sino llevándolas consigo para convertirlas en fuerza que pueda construir su reino.


                        Fr. Erick M.C. Rivera OFM
                                       Marzo 2014

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