Publicado por Fray Raúl | 0 comentarios

La América franciscana, preñada de Dios, da a luz otro Francisco




De la medieval Europa
a la indígena América
vienen los Hermanos Menores
con la sonrisa al viento 
y un único sayal como ropa.

El Evangelio en los labios, 
de honda caridad los brazos.
Caminaron veredas, recorrieron valles,
de poco en poco fundaron ciudades. 

Los Menores por cientos venían
en los barcos europeos de la Conquista. 
Frente a la espada, la cruz propusieron
y defender al  indio es lo que hicieron.




"Repara mi casa"- escuchó el poverello-
y la casa era la Iglesia.
Id y anunciad el Evangelio
fue el mandato que siguieron
e inundaron de amor y ternura
el Nuevo Mundo, pregonando la paz
y el bien del Reino de los Cielos.

El alma franciscana de América,
fecundísima se prepara  para reparar la Iglesia, 
y preñada de franciscanismo 
da a luz un Papa pobre y sencillo. 
Para cumplir la profecía del Crucifijo,
que ochocientos años después,
se hace más concreta. 



De la indígena América a la Eterna Roma
sale otro poverello, alegre y caballero
a reparar la Iglesia que postrada asoma
al tercer milenio, entre guerras y sombras. 

Y son pequeñas las cosas del pequeño Francisco.
Pero es la pequeñez de los sencillos 
la que da vueltas a la soberbias y a los vicios.

Ve, Francisco, y repara la Iglesia
con el Evangelio como Vida y
la alegría como destino, 
de gozar la presencia divina,
y degustar lo que a los poderosos
se ha escondido. 


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